El otro día escuché esta frase pero en español claro, que significa "que la tierra te sea leve" y me gustó tanto, que he estado buscando información a propósito de ella y es una típica inscripción que se escribía en las tumbas romanas, a modo de nuestro Descanse en paz, y también se solía poner abreviado (S.T.T.L).
A raíz de esto, me he interesado por los ritos funerarios de los romanos, y es que todos estos temas me gustan mucho porque creo que enseñan mucho acerca de una cultura.
Sobre este tema de los ritos funerarios he encontrado cosas curiosas como que
no enterraban a sus muertos en sitios alejados y tranquilos, como pueden ser nuestros cementerios sino que los enterraban al borde de los caminos y las calzadas, por donde pasaba mucha gente. Y no era considerado como una falta de respeto sino más bien al contrario porque se creía que a los muertos les gustaba estar cerca de los vivos. De hecho, hay una inscripción en una tumba que pone
"Veo y contemplo a todo el que va y viene de la ciudad"Se creía que su actividad vital continuaba en cierta manera y por tanto
había que abastecerlo de las cosas que necesitara. Un cazador querría tener su lanza, un agricultor sus aperos, y una mujer su huso. Si el muerto era inhumado, sus objetos personales eran enterrados con él; si era incinerado, se quemaban también con él.
Se pensaba también que los espíritus de los muertos tenían hambre y sed y por tanto
había que proporcionarles bebida y comida. En la tumba se colocaban con regularidad ofrendas de huevos, judías, lentejas y vino. A veces se abrían agujeros en las tumbas para poder echar vino dentro. Se ofrecía vino porque era un sustituto apropiado de la sangre, la bebida favorita de los muertos. No obstante, durante el funeral y en ocasiones especiales se sacrificaban animales y se hacía una ofrenda con sangre.
Con todo, se pensaba que a pesar de esas tentativas por cuidar de ellos, los muertos no llevaban una existencia muy feliz. Para ayudarles a olvidarse de esa infelicidad, sus tumbas se adornaban frecuentemente de flores o eran rodeadas de jardincillos, costumbre que ha perdurado hasta nuestros días, aunque haya cambiado su significado original. Con éste mismo fin, la familia y los amigos del difunto celebraban un banquete después del funeral y en el aniversario de su muerte. Unas veces estos banquetes tenían lugar en un comedor adosado a la tumba misma, otras en el hogar de la familia. Se creía que los espíritus de los muertos prestaban atención a estos acontecimientos festivos y disfrutaban con ellos.
En cuanto a las inscripciones, muchas de ellas empezaban con una invocación a los dioses Manes, o espíritus de los muertos. Efectivamente, en muchísimas inscripciones se encuentra la abreviatura D.M.S., es decir, Dis Manibus Sacrum ("Consagrado a los Dioses Manes"). Es raro que figure el día de la muerte, pero acostumbra a indicarse la edad del finado, a veces incluso con especificación de los meses y los días. Además del nombre del difunto suele aparecer el nombre del familiar que encarga la lápida. Casi siempre se encuentra una expresión afectuosa para con el difunto: queridísimo, benemérito, etc. Jamás aparecen los deseos de la persona enterrada, hecho que demuestra la poca fe que tenían en una vida futura. Normalmente están grabadas las iniciales H.S.E., -Hic Situs Est- ("aquí está enterrado"), o S.T.T.L., -Sit Tibi Terra Levis- ("que la tierra te sea leve").
El hecho de que incluso las personas más humildes deseasen poseer una sepultura y unas exequias dignas provocó, en todo el imperio, la aparición de asociaciones que tenían como fin primordial recoger un fondo común a base de pequeñas cuotas mensuales para sufragar los gastos del entierro y de los funerales de cada asociado.
Bueno pues ya sabemos un poco más acerca de los romanos y de sus costumbres funerarias no?
Pues ale! hasta la próxima, besotes!